Trastorno Afectivo Bipolar

Testimonio de Marcela, octubre de 2016

Pinterest LinkedIn Tumblr

Hola, buenas noches.

Mi nombre es Marcela. Estoy aquí hoy, porque me han invitado a contar mi experiencia con la enfermedad mental. Esta invitación me la hizo alguien muy muy importante para mí, quien ha compartido, vivido, sufrido a mi lado… ese ser especial a quien debo tanto es mi padre, José Ignacio, que ahora como vicepresidente de Asomasamen es una luz de esperanza para muchos otros…
¿Como podía negarme a esta invitación? Imposible.
Así que hoy, por primera vez, me atrevo a hablar en público de lo que han sido mis vivencias, las cuales nos han transformado a mí, a mis padres y a mis hermanos, tanto a cada uno en lo personal y como a todos juntos en una familia.

Mi historia empieza un sábado 23 de junio de 1996. Esa noche se daría una fiesta sorpresa en mi honor. Todos mis amigos, compañeros del colegio y de la universidad y mis familiares estaban reunidos en la casa campestre de mis padres, esperando a que yo llegara.
La gran sorpresa fue que nunca llegué… el amigo que tenía la responsabilidad de recogerme y llegar conmigo a la fiesta, llamó a la media noche para informar que había sido ingresada en la Unidad de Salud Mental del Hospital en la Universidad en la que yo estudiaba.

Así, a mis 21 años, me fue diagnosticado Transtorno Afectivo Bipolar.

Fue algo tan repentino, y a la vez de conocimiento público, que el hecho de que tanta gente estuviera al tanto de mi crisis, solo me dejó la posibilidad de afrontarlo… y para mi sorpresa, me convertí en el espejo de muchos de mis allegados. Recibí visitas y muchas cartas… muchos de mis amigos, e incluso un par de profesores me manifestaron su apoyo incondicional y me abrieron su corazón, contándome historias parecidas a la mía o incluso muy trágicas en las que un hermano, una esposa, un pariente o un amigo se había visto afectado por la enfermedad mental.

Así que al salir de la clínica me sentí acogida y muy apoyada. Pude darme cuenta de que ese mounstruo, la enfermedad mental, estaba muy cerca de todos, y me obligó a ser más humana, compasiva y a no identificarme sólo como una enferma.

Cuando a mis 25 años me casé y me fui a vivir a Madrid, mis padres descubrieron con asombro en el armario de mi antigua habitación un arsenal de medicamentos. Corrí “entre comillas” con la suerte de la principiante, pues tuve varios años de estabilidad, a pesar de haber escondido sistemáticamente  las medicinas que con tanto esfuerzo me compraban mensualmente mis padres y que me negué a tomar.

A mis 28 años regresé a mi Bogotá natal… y pensaba en mi primera crisis como algo anecdótico… poco imaginaba los momentos difíciles y las encrucijadas que tendría que vivir con y por el trastorno afectivo bipolar.

Entre mis 28 y mis 32 años de edad, tuve infinidad de crisis. La vida me dio un vuelco. Los periodos de estabilidad se hacían cada vez más cortos, por mi reiterado abandono a la medicación. Estaba en un estado constante de negación. Recuerdo que invertía gran parte de mi salario en cuanto sanador, bioenergético, acupunturista, chaman o médico alternativo, con la única intención de sanar mágicamente y sobre todo, lejos de las tan odiadas medicinas psiquiátricas.

El año 2007 fue tal vez el más difícil de toda mi existencia. En un período de seis meses fallecieron mis amados abuelos, me divorcié, se cerró el proyecto de cooperación internacional en el que trabajé cinco años y tuve un accidente de coche, casi fatal. En ese año estuve hospitalizada 5 veces: una en Estados Unidos, dos en Bogotá y dos en Fuerteventura, donde tuve que venir a vivir para contar con el apoyo de mis padres y mis hermanos, que ya llevaban más de dos años viviendo aquí.

Mi vida se desplomó y todo se puso de cabeza… así que después de mucho sufrimiento llegó la etapa de la rendición.  Ya no podía más… Y empezaron las preguntas existencialistas: ¿Por qué esta enfermedad? ¿Por qué a mí? ¿Por qué así? ¿Por qué? ¿Por qué?

Y en medio de esta tempestad, conocí a Emilia Kraus, la directora de la Asociación Bipolar de Canarias. Me fui a quedar un fin de semana en su casa en Las Palmas. Recuerdo haber llorado a mares contándole la turbulencia de mi vida. Y ella, tan atenta a cada detalle y tan empática me dijo: “Marcela toda vida tiene derecho a una segunda parte. Y tú, como yo y como muchos, puedes lograrlo.”

Recuerdo que estaba en Las Canteras, las lágrimas eran una marea que surgía del fondo de mi corazón… yo quería una segunda parte de mi vida. Lo merecía. Tal vez ese era el porqué… y me permití soñar con todo lo que podría hacer mi vida fructífera y feliz.

Así que de la rendición, surgió una gran curiosidad, y decidí informarme. Por primera vez en 15 años empecé a leer sobre la enfermedad mental. Me devoré cuanto libro encontré sobre Trastorno Afectivo Bipolar y sobre todo biografías sobre enfermedad mental… sin saberlo, ese sería el primer paso hacia la aceptación.

Y me encontré con un enfoque que me ayudó muchísimo: la enfermedad como camino de crecimiento. Sí Marcela, acéptalo! – me dije a mi misma. En esta vida te toco esta enfermedad, que no es mala ni buena… simplemente tu aprendizaje está ligado a ella, como el de otros lo está a otras enfermedades como el cáncer, la diabetes, la tuberculosis o el sida.

Y del porqué pasé al ¿Para qué? Con la psicoeducación se abrió la comprensión de ciertos factores a los que debía estar atenta y la aceptación de varias cosas.
-Sí, necesito dormir bien y tener un trabajo en el cual no haya demasiada presión ni estrés.
-Sí, necesito de un medicamento que garantice el buen funcionamiento de mis neurotransmisores.
-Sí, debo aceptar el acompañamiento de un psiquiatra y de un psicólogo que me ayuden a navegar en busca de la estabilidad.
-Sí, tengo que aceptar las manos amorosas de mi familia y permitirles que sean mis ojos y mis oídos, quienes me conocen y me pueden advertir cuando yo no me dé cuenta de que ese barco de papel que es mi vida se está moviendo mucho y corre el peligro de que le aceche la tormenta.

De la aceptación surgió entonces el conocimiento. Pasar de la teoría a la práctica es una tarea cotidiana de autoobservación. Fue comprender que una crisis no aparece de la noche a la mañana, sino que va gestándose y dibujándose. Como jugar al corre que te pillo… y pillarla a ella, antes de que ella me pille a mí.  

El año 2008 fue el año de la transformación. Acepté los regalos que la vida empezó a darme, en forma de angelitos que iban apareciendo para darle sentido a mi tarea de reconstruirme y amarme y reinventar mi historia.

Con infinita gratitud a mi cuñada Texe y a mi hermano José, quienes lo hicieron posible, llegué a vivir en esta isla, que amé y que aún amo. Fuerte-Ventura es eso para mí, una gran ventura, una gran bendición… este mar fue mi espejo y mi terapia. Aquí recibí el invaluable apoyo de mi psiquiatra, la doctora Elizabeth Segura y de mi psicólogo, el doctor José Juan, a quienes hoy doy también un agradecimiento público.

Y exactamente el 9 de diciembre del 2008 aquí me llegó la cereza del pastel. Conocí aquí a un alemán maravilloso, con un corazón que no le cabe en el cuerpo. Lo nuestro fue amor del bueno, sin dudas, empático y honesto. Desde el minuto cero pude compartir con Matthias toda mi turbulenta historia y él la suya (mucho menos emocionante, por cierto!).

De la mano de Matthias tuve que partir a Alemania, a Düsseldorf. Aprendí alemán. Oposité y tengo una plaza como maestra allí. Tenemos una vida linda y muy tranquila. Allí tengo amigos hermosos que son como otra familia… y bueno, Fuerteventura y mi familia y mis amigos de aquí quedan solo a 4 horas de avión y por eso venimos con mucha frecuencia a disfrutar de este paraíso. Y cuando no podemos venir, pues todos están a un segundo de teléfono para compartir la cotidianidad.

Matthias es, como lo fue mi padre en su momento, mi mejor aliado. Acepto con humildad sus sugerencias y sus consejos…. Y tal vez lo que más me costó, su sexto sentido para advertirme del peligro, porque tanto él, como mi padre, a veces tienen un ojo más afinado para reconocer cuándo la tormenta está cerca… así que cuando eso pasa, confío en mis doctores y me relajo más y duermo más y me dejo mimar más… Ya cumplimos 7 años de casados y tenemos la dicha de tener a Amalia, una hija hermosa de casi 11 meses.

Mis neurotransmisores llevan también 7 años de romance con el Seroquel, la medicina que hace que funcionen bien. Cada vez que me tomo mi hoy amado medicamento bendigo y doy gracias a los cientos de años de investigación y desarrollo farmacéutico en el que veo también la mano de Dios. Gracias a esta pepita, tengo una vida estable…

Y llevo también 7 años sin ser hospitalizada y vivo la segunda parte de mi vida. A decir verdad esta parte me gusta mucho más que la primera.
Y no es una vida color de rosa. Creo que un final color de rosa no existe. Como a todos los seres humanos, el sufrimiento me encuentra a ratos y tiñe de gris mi vida, con pequeñeces y a veces con cosas muy difíciles que ponen a prueba mis dotes de navegante. Por ejemplo, cuando hace tres años murió, así de repente, mi amado hermano Camilo y pensé que no podría superarlo…

Bueno, ya he hablado mucho.
y hay muchas sorpresas esta noche.

Por eso quiero cerrar con el slogan de esta gala, soy como tú, aunque tú aún no lo sabías. Ya lo sabes…
y debes saber que si yo pude, tú también puedes empezar una segunda parte de tu vida.

Write A Comment